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- Hispania versus Roma
- La gran guerra cantabrorromana
- A la caza de Bérgida
- El precio de la derrota
- Lenta romanización
- Las calzadas y las minas romanas
- Otros factores de la romanización
- Origenes de nuestro cristianismo
- Los militares, mensajeros del cristianismo
Autor: Julio de Prado Reyero
Hispania versus Roma
Se debe tener en cuenta que mientras los iberos y tartesios del Levante y del Sur habían alcanzado un alto grado de cultura, los pueblos del Centro, Oeste y Norte de Hispania se encontraban en un estado de organización económica y social muy atrasado, lo cual no fue obstáculo para que a medida que nuestros territorios iban cayendo uno tras otro en poder de Roma, quedase en región indómita e imbatida en la época del Emperador Augusto, que es la que ocupaban los cántabros y astures. En esta región estaba enclavada nuestra tierra y más concretamente dentro de Cantabria a la que algunos llamaban la Cantabria Leonesa
Se sabe por testimonios de la antigüedad que los españoles tenían un historial enormemente guerrero. Encontramos enrolados a muchos de los españoles como mercenarios en varias de las guerras que se libran fuera de España. También nos consta que los cántabros y astures hacen frecuentemente incursiones saliendo de sus escondrijos de las montañas hasta la llanura en busca de tierras más ricas y fértiles. De esta manera los historiadores romanos pretenden justificar la invasión romana con el pretexto de defender a sus aliados los vacceos, turmogos y autrigones de estas depredaciones de los cántabros. Otra última e importante razón era el deseo de Augusto de poner firmes fronteras naturales al Imperio Romano en Hispania, muy concretamente en el mar Cantábrico, con el ánimo de defenderse de cualquier agresión exterior.
La cita más antigua de los cántabros de debe al escritor latino Marco Portio Catón, más bien conocido como Catón el Viejo, que escribió la historia de Roma entre el año 234 y 149 antes de Cristo, asegurando que el río Ebro nace en el país de los cántabros. Aparte de los ya mencionados Floro y Orosio escriben sobre los cántabros los historiadores Cayo Veleyo Patérculo en el siglo I antes de Cristo, el judío Flavio Josefo, Cayo Suetonio Tranquilo entre el 75 y 170 antes de Cristo, Pentarco, Alejandro Apriano, Dión Casio, etc…
También se refieren a estos pueblos geógrafos como Strabón entre los años 16 y 19 antes de Cristo, Pomponio Mela y Ptolomeo.
Los mencionan igualmente los poetas Horacio, Crinágoras, Marco Anneo Lucano, Salio Itálico, Juvenal, Claudino, etc…
Otras fuentes muy dignas de tener en cuenta son las epigráficas y los residuos arqueológicos dispersos por varios museos.
Por otra parte también nos consta que Roma había enviado oportunamente espías a nuestros territorios, aportando a las autoridades romanas noticias de interés acerca de los pueblos, ríos, minerales de oro en el Bierzo, hierro, plomo y cobre en Cantabria etc… No obstante, a pesar de la rivalidad entre Cantabria y Roma, nuestros antepasados resultaros al fin influenciados por la cultura romana y así observamos cómo los celtas vadinienses que pueblan las márgenes del Sella y del Esla han adoptado para la inscripción de sus lápidas el latín, como latinos son también los nombres de muchos de sus personajes. Así acusa la latinidad la tribu de los virónigos asentada en Verdiago, Valmartino y Sorriba o los Coroverscos que dan nombre a Corao en Asturias o en nuestra zona a Peña Corada.
La gran guerra cantabrorromana
Al fin en el año 29 antes de Cristo se desencadena esta gran guerra, estando al mando de toda España el Procónsul Statuillo Tauro, aunque más tarde los responsables serán otros. Las previsiones de Roma en atención a su gran poderío militar consideran que esta contienda puede ser poco más o menos que un paseo militar, pero lo cierto es que los escobios, vericuetos, riscos, etc… que Silio Itálico calificó como <> favorecen la guerra de guerrillas en la que son diestros los cántabros y astures hasta el punto de reclamar la presencia del mismo Emperador Augusto, que dirige personalmente la contienda a partir del año 26 con la ayuda de siete legiones integradas por unos 70.000 hombres.
Al fin en el año 29 antes de Cristo se desencadena esta gran guerra, estando al mando de toda España el Procónsul Statuillo Tauro, aunque más tarde los responsables serán otros. Las previsiones de Roma en atención a su gran poderío militar consideran que esta contienda puede ser poco más o menos que un paseo militar, pero lo cierto es que los escobios, vericuetos, riscos, etc… que Silio Itálico calificó como <> favorecen la guerra de guerrillas en la que son diestros los cántabros y astures hasta el punto de reclamar la presencia del mismo Emperador Augusto, que dirige personalmente la contienda a partir del año 26 con la ayuda de siete legiones integradas por unos 70.000 hombres.
Desde entonces para acá el desarrollo de la guerra aparece muy oscuro, puesto que el historiador Floro, que es el más cercano a los acontecimientos se limita a escribir: Augusto contra éstos (los cántabros), porque según las noticias, luchaban con más vehemencia, no encomendó la guerra a nadie, sino que él mismo la tomó a su mando. Vino en persona a Segísama, asentó allí su campamento, y, dividiendo su ejército en tres columnas, atacó por todas las partes a Cantabria, cercando a aquella feroz gente, como quien rodea a las fieras en un ojeo.
Tampoco se les concedió reposo en el litoral, porque sus espaldas eran castigadas por la armada.
Primero peleó contra los cántabros, bajo los muros de Bérgida. De allí ellos se retiraron al Monte Vindio, muy alto, persuadidos de que antes subirían allá las marejadas del Océano, que las armas de los romanos.
En tercer lugar resistió con gran vigor al castro de Aracillum, pero al fin conquistado, sirvió de ayuda para asediar al Monte Vindio, que fue rodeado por un foso continuo, a modo de cinturón, de quince millas de circunferencia.
El caudillo indiscutible de los cántabros es Corocota, que coordina las operaciones bélicas de cántabros y astures y cuya cabeza valoraron los romanos en 200.000 sestercios.
Lo verdaderamente difícil es localizar cada una de estas poblaciones o topónimos mencionados por Floro y repetidos con alguna variante por Orosio. Parece que no ofrece duda alguna situar Segísama en Sesamón (Burgos) desde donde Augusto dirigió la guerra. Nos consta igualmente que no tuvo suerte, pues los cántabros le atacaban constantemente en guerrillas por sorpresa. También sabemos que en año 26 regresó enfermo a Tarragona.
Realizaron la lucha tres columnas que se dividen en otros tantos frentes. En primer lugar Schulten sentó la teoría en 1943 de que las expresiones de Floro y Orosio de que la ofensiva de Roma abarca a toda Cantabria, habrá que entenderlo en el sentido de que los romanos atacaron primero a Bérgida o Bergium Flavium y el Monte Vindio, a los que situaban en el Bierzo y Peña Ubiña, respectivamente. En segundo lugar contra Aracillum o Aradarillo en Cantabria y en tercer lugar contra el Monte Medulio en Galicia.
Modernamente en un sentido más crítico y estricto Cantabria se circunscribe al territorio conocido con este nombre. La columna central, según González Echegaray se dirigía por el Pisuerga hasta Cantabria siguiendo una línea muy cercana a la del actual Ferrocarril Madrid-Santander; la oriental pudo salir por el Puerto del Escudo o del Torozos y la occidental, que es la que más de cerca nos toca a nosotras, por el Puerto de Piedras Luengas o acaso tomar el valle de Riaño, donde vivían los vadinienses para pasar luego a Liébana y Ribadesella.
Martino acepta la ruta del Pisuerga, pero sugiere otras variantes, haciendo pasar la central por la Valdivia y traerla por el río Carrión hasta llevarla a Liébana, mientras que él y Schulten llaman occidental la que lleva por el Pisuerga y la pasa por la fuentes del Ebro… La oriental la trae por el Cea y el Alto Esla con dirección a los Picos de Europa. De esta suerte queda comprendida toda Cantabria.
A la caza de Bérgida
Otro tema constante para la polémica, sobre todo a partir del siglo XIX, ha sido el relativo al verdadero tramo del río o ríos de las montañas de Riaño, a los que corresponde con toda propiedad y derecho el nombre de río Esla. Unos, siguiendo a D.Antonio Valbuena o D.Teodoro de Valdeón, ponen el origen del Esla en las Tierras de la Reina, a cuya tesis se unió el P.Bernardino Pérez, mientras que otros, encabezados por D.José González, como E.Martiño y Olegario Cascos, lo sitúan en Valdeburón.
Más que por argumentos históricos y serios, ambas tendencias se han guiado por apasionamientos de paisanía, aduciendo textos distorsionados, como muy bien anota J.Canal, que se adhiere con argumentación sólida y seria a mi tesis aportada en otras publicaciones, como Cistierna y sus Comarcas y Riaño ya es historia, en que concluye que el Esla nace en la intersección de los dos ríos (pero, es seguro que más tarde, por lo menos de Riaño para abajo fue llamado Estola, Esla). En realidad se repite aquí lo que ocurre con otros ríos, como el Órbigo que lo forman el Omaña y el Luna en su conjunción.
En efecto repasando todos los documentos medievales conocidos no encontramos ninguna ubicación del Esla de Riaño para arriba. A Riaño, en cambio, se le llama Riángulo (Rivi angulum) precisamente por confluir aquí el río Beirón (Bayones) y el Luso, que llega desde Valdeburón, una vez acogidas las aguas del río Ocza, que baja del Pontón. De los pueblos de Riaño hacia arriba se suele decir en la documentación medieval que están “juxta Beiron” o “juxta Luso”, según los casos y expresamente se dice en el Becerro del Monasterio de Sahagún que un monasterio del territorio de Riaño está junto a las fuentes del Esla “locum certum ubi oritur Estula”. Evidentemente el San Cristóbal de Riaño se ha confundido con el San Cristóbal de La Uña.
Por el contrario, cuando se mencionan los pueblos de Riaño para abajo, siempre se les sitúa “juxta flumen Stolae” (junto al río Esla).
El precio de la derrota
Tampoco hay que olvidar que según Floro cuando los bárbaros (cántabros, astures o galaicos) advirtieron que los romanos se acercaban por todas las partes y que se aproximaban al final de su independencia tomaron decisiones fatales, lo que explica que las escaramuzas se extendieron a bastantes más lugares que los mencionados.
Al darse por finalizada la campaña contra los cántabros en el año 26, al año siguiente, los romanos dirigidos por Carisio debieron dedicarse de lleno a la campaña contra los astures, pero en la primera fueron sorprendidos por un ejército bien organizado como dice Floro, que descendió de los montes nevados por el río Esla o más bien hasta acercarse a este río en la Vega y atacaron a los tres campamentos de los romanos situados en el Órbigo y Astorga, pero los astures fueron traicionados por los de la ciudad de Brigencium, no lejos de Benavente, contando Carisio con el tiempo suficiente para cortarles el paso y obligarles a replegarse en Lancia donde el general romano dio el asalto final, sin destruirla, dándose por temninada la guerra en el año 29 antes de Cristo.
Las condiciones de la derrota fueron durísimas. Se dice, en son de leyenda, que se cortaron las manos de los prisioneros, de donde se hace derivar en nombre de Mampodre (manus podate). Otros se suicidaron a espada o se envenenaron. Fueron quemados sus castros y muchos de ellos fueron conducidos como esclavos a Mérida, Lusitania, Andalucía o La Rioja o simplemente a las llanuras. Parece ser que los más cercanos fueron los que se establecieron en un lugar, que llamaron Cantabria en la zona baja del Esla, posiblemente entre Mansilla y Toral de los Guzmanes y que en la época de los godos vieron desaparecer su poblado por la invasión de Leovigildo.
Para finalizar, diremos que bien para realizar las operaciones bélicas, bien para consolidar la victoria militar, intervinieron en las distintas luchas varias legiones romanas, como la I Augusta, la II Augusta, la IV Macedoniana y la IX Hispánica. Referente a esta última ha aparecido hace algún tiempo una lápida romana en Verdiago, así como otra de la Legio XX en Crémenes y una mas del ala III Aláudica en Santa Olaja de la Varga. También intervinieron la Corte de los Tracios, la Legio V Aláudica y la X Gémina. En Asturias se asentó la Legio VI y en nuestra tierra la Legio VII Gémina, que sirvió de punto de nacimiento de la ciudad de León, quedando guarnición permanente hasta el siglo V, vigilando desde León la región tan difícilmente conquistada a nuestros antepasados.
De esta manera logró Roma ocupar entero el territorio español, lo que se celebró con grandes fiestas en la ciudad de Roma.
Lenta romanización
Entendemos por romanización el proceso de la población indígena para integrarse en la civilización o mundo romano.
Nuestra tierra fue definitivamente conquistada e incorporada al Imperio Romano a partir del año 19 antes de Cristo, fecha en la que da comienzo una lenta y tenue romanización en atención a dos razones muy sólidas: los indígenas están muy pegados a sus ideas, instituciones y costumbres y además sus poblados están muy dispersos por un intrincado y complicado territorio.
Allí donde llegaba Roma intentaba difundir su lengua latina y con ella la cultura romana, implantar el llamado derecho romano, promocionar las artes, imponer sus dioses y costumbres y ante todo instaurar un nuevo estilo de vida.
Las principales pervivencias protohistóricas en nuestra tierra pudieran ser éstas: ciertos poblados aún pueden ser los continuadores de los castros y lugares fortificados; son varios los historiadores que piensan que algunas iglesias están construidas en los mismos lugares de los cultos ancestrales prerromanos. Hay pueblos que ostentan nombres de personajes celtas, como Aleje y Alejico; de accidentes, como Argovejo, Lois, Valdoré, Las Salas y sobre todo la gran cantidad de palabras prerromanas, como Las Llamas, La Cortina, Carbajo, Carraso, Pando, Requejo, etc… En varias de las cuevas de la zona, además de los indicios de su habitabilidad, se han encontrado monedas romanas y fíbulas, como ha sucedido en la Cueva de Lomas, La Velilla, Crémenes, etc… o en los castros como los de Vegamediana, Fuentes o Santa Olaja, sartas de collares, tégulas, armas, etc…
Por eso hay que concluir en atención a las razones expuestas que el grado de romanización en la zona de cántabros y astures es mínimo, sobre todo si lo comparamos con lo sucedido en las costas mediterráneas desde Cataluña hasta rebasar Andalucía. Mientras de estas tierras surgieron hombres prestigiosos como los emperadores Adriano y Trajano o sabios como Séneca, de nuestra región únicamente eran exportados legionarios o guerreros. No se puede comparar tampoco el esplendor de una ciudad como Mérida con nuestra ciudad de León, nacida a la sombra de un campamento militar.
Otra constatación evidente es que a medida que se va avanzando hacia el norte desde la cuenca del Esla y sus ríos afluentes, la romanización es mucho menor, como se observa, sobre todo, en una menor escasez de vestigios artísticos, toponímicos, geopolíticos, etc… siendo necesario acercarse a Remolina, Lois, pueblos desaparecidos del pantano, Carande, Tejerina, Prioro, Portilla, Casasuertes, Maraña, Sajambre o Valdeón, para encontrarnos con el típico braquicéfalo o cráneo grande y cortado o achatado en su parte posterior. Por otra parte, muchas de las lápidas vadinienses del Alto Esla que hay que retrotraer al siglo III, después de Cristo, a continuación de la filiación citan el de la gentilidad al estilo de los bárbaros, como sucede en Argovejo en que se menciona a Tureno, de la gentilidad de los bodeggos y por añadidura vadiniense; en La Velilla de Valdoré a Manilio de los Aravos, también vadiniense, o a Dodero de los Boderescos en la Vega de Sorriba o a Négalo de los Virónigos igualmente en Valmartino. Por otra parte es raro que se cite a otra ciudad fuera de Vadinia, al contrario de lo que se hace en otras zonas. Inclusive, a veces se sigue el sistema matrilineal o matriarcal, como sucede en Verdiago en que es Quirina la dedicante a su hijo Quirino o en Sorriba donde la que dedica también es otra madre.
Podemos concluir con Rostovtzeff que la romanización y la urbanización no pasaron de la superficie y quedó en pie la división en clanes y tribus.
Esta supervivencia de costumbres o instituciones autóctonas, que mostraban los cántabros y astures a los romanos hacía temer a Roma nuevos levantamientos que encaminasen a la independencia política, por lo que se encargó a la Legio VII Gémina afincada en León que estuviese siempre alerta hasta el siglo V para evitarlo y mantener la sumisión a Roma.
Otro interrogante sin resolver lo ofrecen tres lápidas de legionarios romanos encontradas en las márgenes del Alto Esla, a saber en Verdiago, Santa Olaja de la Varga y Crémenes, que hablan de la presencia de otras legiones distintas en nuestra tierra, si es que éstos no habían llegado aquí después de ser licenciados, como parece sugerirlo la palabra adjunta .
Las calzadas y las minas romanas
Los romanos construyen, bien por fines militares, bien por fines comerciales, calzadas o vías romanas, que ordinariamente van bordeando los ríos. Parece que una subía Esta arriba para desviarse en Riaño hacia Tierra de la Reina o subir hacia Pontón o dirigirse hacia Tarna. Igualmente ascendía por el Cea otra calzada que sobrepasaba el Pando
Aún quedan restos de estas viejas estructuras, que muchos aún hoy siguen conociendo como . Quedan todavía puentes que la tradición les hace romanos como el de las Conjas de Prioro y otros que lo fueron como el de en Santa Olaja de la Varga, que es una corruptela de
. Casi todos ellos fueron reformados en la Edad Media, pero inicialmente tenían una anchura de unos 5 metros.
Era costumbre de los romanos exportar o importar, según los casos, esclavos o colonos como mano de obra para explotaciones mineras o construcciones. Al contrario se importaban alimentos de consumo, como trigo y objetos de cerámica, siendo fácil encontrar ánforas o vasijas en castros como los de Sabero, Santa Olaja o Verdiago.
Igualmente desde aquí se exportaban, según Estrabón, los famosos, los famosos y los muy cotizados para las guerras y para el circo. Pero la mayor riqueza de nuestras tierras las constituían las minas. Aquí no hay memoria de que se explotara el oro como sucedía en Las Médulas. En Lois abrieron los romanos una mina de mercurio y parece ser que en Corniero, Argovejo, Ferreras del Puerto y de Vegamín, Besande y Voz Nuevo… minas de hierro, pero el fuerte mayor fueron las minas de cobre, encontrándose restos o escombreras en Fuentes, Sabero, Cistierna, Santa Olaja, Adrajos de Boñar etc… Es posible que se extrajera galena en Horcadas y Verdiago, arsénico y antimonio en Riaño… encontrándose herramientas e instrumentos de trabajo en Lois y Adrados
Las minas de Voznuevo están en explotación en la Edad Media, puesto que el rey Alfonso IX en una escritura que suscribe en Mansilla de las Mulas en el año 1206 dona al Monasterio de Valdediós en Asturias, siendo probable que su explotación primitiva arrancase de la época de los romanos.
Otros factores de la romanización
Los romanos en su división administrativa adjudicaron nuestro suelo al Convento de los Astures cuya capital era Astúrica Augusta (Astorga), por haber sido creada por Augusto. Lancia pasa también a ser ciudad romana floreciente y el campamento de la Legio VII Gémina ve pronto cómo a sus alrededores acuden comerciantes y artesanos hasta convertirlo en una verdadera ciudad. Otras ciudades, como Vadinia, desaparecen como tales, puesto que solamente son aprovechables para fortalezas o ciudadelas militares, que es para lo que nacieron.
Vespasiano concede el llamado jus latti o municipalización romana a todo el Noroeste español. De la ciudad emanaba la moneda, que puede considerarse desconocida antes de los romanos en nuestra tierra, siendo ellos los primeros en introducirla. Han aparecido monedas romanas en el castro de Vegamediana (antigua Vadinia), lugares limítrofes como el Castillo y Vegabarrio, Castillos de Santa Olaja y Fuentes, Ocejo, Valle de Santo Martino en Verdiago, etc…
Los romanos contribuyeron asimismo a que los celtas nativos poco a poco vayan abandonando su forma tribal de vivir, dedicados exclusivamente a la caza o a la ganadería, hasta conseguir que desciendan a las vegas y valles y lograr aclimatarlos a la agricultura. De esta forma resulta ser el castro el origen de la mayoría de las aldeas, pudiendo evocar como recuerdo de aquella época el arado romano, casi vigente hasta nuestros días.
También nos consta que en las partes más fértiles y llanas se crearon fincas de explotación agrícola llamadas fundus, que se completaban con viviendas para propietarios y colonos. Recibían el nombre de villas y llevaban el nombre del dueño, siguiendo los visigodos esa costumbre, Villapadierna (Villa de Paterna) pudo ser una villa romana, mientras que Villayandre (Villa de Leandro) pudo ser visigoda.
Otro tipo de construcciones es la quinta de recreo, de donde se derivó el nombre de Quintana. En Puente Almuhey se ha descubierto en el despoblado de Polvorinos un mosaico perteneciente a una de estas quintas romanas.
Otro factor importante en la romanización lo constituyen los soldados romanos llegados hasta aquí, quienes al establecer contacto con la población civil actúan como elementos de romanización. Otro tanto puede decirse de los alistados en nuestra tierra en cada una de las legiones romanas que operan en nuestro suelo y fueron trasladados a otros lugares del Imperio como sucedió con la V Alaúdica que fue al Rhin o la IX Hispánica y la XX, que marcharon al Ilírico, en la desaparecida Yugoslavia, también la Legio VII Gémina la componían, en general, españoles.
Sin embargo la tarea de romanización resulta difícil, ya que tanto cántabros, como astures se muestran aferrados a su lengua, costumbres y tradiciones, sobreviviendo muchas de ellas hasta nuestros días. Mayor suerte tuvieron los visigodos hispanorromanos, ya que en la Edad Media llegan a nuestro suelo completando esta obra de romanización.
Las lápidas vadinienses encontradas en nuestro territorio (casi todas ellas posteriores a Cristo) si bien se refieren a personajes indígenas, están escritas en latín y siguiendo un orden romanizado.
También se conservan algunos pequeños monumentos, llamados aras familiares, dedicadas a dioses del Imperio, como la que se expone en la Casa de Cultura de Sabero y que fue encontrada cerca de Veneros, sin que podamos descifrar la leyenda ya desgastada por el tiempo y la erosión. Nos consta que se han encontrado otras similares a ésta en la Gran Bretaña.
Los romanos también conocieron la red de aguas termales, que arrancaban desde Boñar y pasan por Losilla, Corniero, Morgovejo.. hasta llegar a Llávanes. Las termas principales se situaron en Boñar, delatándolo su nombre latino Balneare que era conocido aún en los documentos medievales. Boñar, en consecuencia, es un poblado que también pudo haber nacido en la época de los romanos. En Boñar se encuentra esta lápida romana FONTI SAGIFIGENO E. CCC LV HS: ALEXIS AQUILEGVS V S I M. El mismo Pedro Alba nos ofrece esta traducción Alexio Aquilego cumplió de buena gana el voto que hizo, construyendo un edificio para esta fuente cuyas aguas tienen una virtud saginífera o propia para engordar gastando el ella trescientos cincuenta y seis sestercios; pero el mismo Alba dice que en la anterior traducción se equivocó Masdeu y tradujo sestercios por era, por lo que debía leerse que se hizo esta fuente en la era trescientos cincuenta y cinco o año 317.
Origenes de nuestro cristianismo
Los orígenes del cristianismo en España son bastante confusos. La táctica apostólica de evangelización intentaba cubrir todos los espacios del Imperio Romano, estableciendo comunidades cristianas, que habrían de ser a su vez centros de irradiación misionera, España, por lo tanto, parece uno de los objetivos inevitables de la predicación de los apóstoles. El Apóstol San Pablo manifiesta por dos veces su intención de venir a España. El mismo Duchesne lo reconoce asegurando: <>. La Primera Crónica general del rey Alfonso X el Sabio, que recoge fuentes antiguas da por muy cierto la venida de San Pablo a España e ignora en cambio la de Santiago.
En efecto España que había sido conquistada lenta y penosamente por las armas romanas era una de las provincias más adelantadas del Imperio.
Otros temas sobre la evangelización de nuestro suelo no pasan de ser imaginarios. La primera leyenda que conocemos acera de la evangelización de las tierras leonesas parte de la Edad Media y siglos más tarde Quevedo durante su estancia en León la conoce y nos la cuenta. Según esta leyenda los astures al entrar aquí en contacto con los mercaderes judíos les oyeron hablar de la presencia de Jesús en Palestina, decidiendo enviarle mensajeros para que nos proporcionase discípulos con el fin de predicar su doctrina entre nosotros.
El P.Risco en su España Sagrada recoge otra leyenda, que por algún tiempo circuló en nuestra tierra. Esta atribuye a Natanael la estancia y la predicación en una ciudad llamada Tregua o Túriga, situada en las cercanías de la Legio VII Gémina y que algunos identifican con Trobajo del Camino.
Ninguna de estas leyendas merece la mínima credibilidad.
Las tradiciones o creencias referidas al origen apostólico se desenvuelven en torno a tres núcleos de hechos; a saber las venidas de Santiago o de San Pablo a nuestra patria o en envío por parte de San Pedro de los llamados Siete Varones Apostólicos.
Parece que más allá del siglo VII o VIII no se encuentran vestigios de la presencia de Santiago en España. Lo afirmó de manera cierta la Divisio Apostolorum, documento oriental del siglo VI o VII, de autoridad controvertida por los autores modernos. Se repite esta misma tradición en una narración española del siglo IX-X.
En la Alta Edad Media se le presentaba a Santiago guiando a los caballeros cristianos y montado sobre su caballo blanco. En los reinados de Ramiro I y Ordoño II nace el Voto de Santiago y la Batalla de Clavijo. En el siglo X contradicen esta creencia los obispos de la provincia Tarraconense y también más tarde Don Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo y en el siglo XVI, sobre todo, García de Loaysa, también arzobispo toledano. Se llegó a calificar esta tradición como <>.
La tradición tuvo por otra parte sus defensores que se apoyaban en referencias implícitas, como una del siglo V, que habla de la predicación apostólica en España, que bien pudiera referirse a San Pablo y no a Santiago. En el siglo XVIII la defenderán ardorosamente el P.Flórez y luego Ferreiro y el P.Fita.
Hay dificultades, aunque no definitivas, que parecen oponerse a la venida de este Apóstol a nuestra patria, como puede ser el hecho de que los apóstoles no salieron normalmente de Palestina hasta 12 años después de la Ascensión del Señor, con lo que llegaríamos al año 42, dos años antes a lo sumo de la muerte de Herodes Agripa, que fue quien ordenó el martirio de los Apóstoles. En consecuencia, de haber estado Santiago en España hubiera sido por poco tiempo; mientras que lo del culto de Santiago en Compostela pudiera explicarse por el simple hecho de la traída de su cuerpo martirizado en Palestina. Parece cierto que las reliquias del santo recibieron con anterioridad culto en Mérida, como consta por una inscripción, para luego ser trasladadas a Santiago de Compostela.
En segundo lugar, mayor fundamento y probabilidad tiene la predicación de San Pablo en España. Este Apóstol escribe así desde Corinto: <> y poco más adelante añade: <>. Parece que este viaje lo realizó en el año 63.
En el año 94 San Clemente Romano lo da por hecho asegurando <>, que es decir tanto como España. San Jerónimo matiza que vino por mar y desembarcó en Tarragona como sostiene la tradición. Idéntica creencia existe en Barcelona, pues en ambas ciudades existen sendas iglesias que conmemoran estos hechos.
El primer testimonio histórico sobre la evangelización de España lo aporta San Irineo que en el año 180 ya asegura que la Iglesia está establecida en el mundo celta. Poco más tarde Orígenes habla de la evangelización de todo el mundo conocido por los romanos y Tertuliano es todavía más explícito afirmando que la fe cristiana ha llegado ya en sus tiempos a todos los rincones de España.
A ello ha contribuido un tercer hecho innegable que lo constituye el envío por parte de San Pedro a nuestra patria de siete varones apostólicos u obispos presididos por Torcuato y que misionaron la zona del Mediterráneo, no faltando quien asegura que dos de ellos, San Esicio y San Tesifonte llegaron hasta Astorga donde predicaron el Evangelio.
El primer documento en afirmar la presencia de los varones apostólicos en España es Passio de estos santos del siglo VIII, también de dudosa credibilidad en algunos de sus extremos, si bien otros pueden ser ciertos.
Los militares mensajeros del cristianismo
En lo que toca a nuestra tierra parece que el cristianismo aceptado en Roma por los militares, era traído por ellos a las provincias romanas de España, a donde eran destinados. Así nos encontramos, por una parte, que en el siglo III estaba al frente de la Legio VII Gémina el centurión Marcelo, que por ser cristiano se pone en choque con el emperador y es martirizado en Tánger. La misma suerte corren sus presuntos hijos Claudio, Lupercio y Victórico también martirizados en la ciudad de León, mientras que los soldados Facundo y Primitivo, que parecen ser naturales de la Ribera del Cea, encuentran el martirio, según una tradición popular en la inmediaciones de Villaselán y según otra a la orilla del mismo río en el lugar que luego sería Sahagún.
Sabemos con certeza por las tres lápidas referidas encontradas en Santa Olaja de la Varga, Verdiago y Crémenes que algunas legiones romanas pudieron establecerse de paso en este territorio del Alto Esla.
En la zona del Sella (Cangas de Onís y Corao) se encontraron dos lápidas vadinienses, que aparentan ser cristianas y otra también muy singular fue encontrada en el Valle de San Pelayo de Liegos, que se refiere a una joven celta vadiniense, probablemente cristiana, ya que entre la inscripción y el caballo lleva una cruz de estilo visigótico y en la parte superior otro dibujo, que pudiera ser una especie de cruz aspada, equivalente a la letra X, letra inicial de la palabra Cristo en griego. La lectura íntegra de esta lápida, conservada en el Museo San Marcos de León es la siguiente: A LOS DIOSES MANES, EL PADRE ALOMO PUSO A LA MEMORIA DE SU PIADOSÍSIMA HIJA MAISONTINE DE DIEZ Y OCHO AÑOS MAS O MENOS.
Hoy parece tomar cuerpo la tesis de que el cristianismo entró en España por una doble vía; a saber, la tarraconense, como queda dicho y la atlántica o cántabra, bien acometiendo esta empresa los portadores del cuerpo de Santiago, que desembarcaron en Padrón, bien otros pueblos invasores, como los bretones ya evangelizados, que se cree que llegaron a establecer en territorio gallego y asturiano la diócesis de Britona. Dadas las concomitancias entre los vadinienses de la Asturias transmontana y de la foramentana, parece perfectamente explicable que simultáneamente resulten cristianizadas ambas tierras, como parece demostrarlo o al menos indicarlo la existencia de lápidas vadinienses, cristianas en ambas zonas.
En el siglo III la Iglesia Española está perfectamente organizada como aparece en las actas del Concilio de Elvira.
En León y Astorga ya se ha protagonizado por entonces un incidente desagradable: el Emperador Decio en el año 254 ha ordenado una persecución en la que los Obispos de León-Astorga y Mérida, Basildes y Marcial apostatan consiguiendo el libelo o documento de haber sacrificado a los dioses, lo que motiva la intervención de San Cipriano condenando este hecho y el engaño de que ha sido objeto Roma al reponerlos en sus Sedes.
También en las Médulas Leonesas se ha encontrado un anillo de oro del siglo II con una inscripción que hace referencia a esta herejía. En este siglo se dice también que llegó un hereje a predicar a los mineros del oro desde Oriente.
Texto: Julio de Prado Reyero